Paulette, residente de Las Vegas en sus cincuenta y tantos años, pasó años trabajando y apoyando a su familia antes de que condiciones graves de salud mental comenzaran a interferir con su capacidad para funcionar día a día. Luchó contra trastorno bipolar, depresión severa, ansiedad y TEPT, junto con condiciones crónicas de salud que incluyen diabetes e hipertensión. Con el tiempo, estas condiciones hicieron cada vez más difícil para ella mantener un trabajo constante o manejar el estrés y el ritmo del empleo regular.
Como muchos solicitantes de discapacidad, el camino de Paulette hacia los beneficios no fue sencillo. Su reclamo fue inicialmente denegado por la Seguridad Social, con la agencia determinando que aún podía realizar otro trabajo a pesar de sus condiciones documentadas.
Incluso en el nivel de reconsideración, la agencia nuevamente concluyó que no estaba discapacitada según sus normas.
Nuestro equipo legal intervino para desarrollar el caso para la audiencia. Recopilamos extensa evidencia médica de múltiples proveedores tratantes, incluyendo especialistas en salud mental y proveedores de atención primaria, y coordinamos cuestionarios médicos detallando cómo los síntomas de Paulette afectaban su concentración, tolerancia al estrés y capacidad para funcionar en un ambiente laboral.
Estos registros demostraron el impacto real de sus condiciones psiquiátricas en el funcionamiento diario y las limitaciones sostenidas que impedían un empleo confiable.
El caso procedió a una audiencia ante un Juez Administrativo de la Seguridad Social. Tras revisar la evidencia y el testimonio, el juez emitió una decisión totalmente favorable, encontrando que Paulette se volvió discapacitada bajo las normas de la Seguridad Social el 1 de mayo de 2021.
Como resultado de esta decisión, Paulette comenzó a recibir beneficios mensuales continuos de discapacidad de la Seguridad Social de aproximadamente $1,305 por mes, junto con pagos retroactivos que cubrían el período que había estado esperando la aprobación.
Paulette tenía aproximadamente 56 años cuando se otorgaron los beneficios.
Asumiendo que los beneficios continúen hasta la edad de jubilación completa a los 67 años, el valor vitalicio proyectado de sus beneficios por discapacidad supera los $170,000.
Lo más importante, este resultado le dio a Paulette algo que había estado perdiendo durante años: estabilidad financiera y acceso a atención médica mientras manejaba serias condiciones de salud mental. A través del desarrollo cuidadoso de evidencia, análisis de registros médicos y una defensa persistente durante el proceso de apelaciones, nuestra representación ayudó a asegurar el ingreso mensual por discapacidad por el que trabajó y que merecía.